viernes, 30 de enero de 2009

La desvergüenza de la Aurora

Miradolo allí solemne y erguido. Vacío pero imponente. El gallinero de la Aurora.

Merecidas vacaciones de sus privilegiados dueños -al fin el acomodador habrá podido ir a ver a sus primos del pueblo y acaso a pegarse una semanita de manolo en el Caribe-; que la crisis no está hecha para el. ¿Crisis? ¿Que crisis? Esta era su letanía que repetía cual jaculatoria en todo momento entre entre chasquear de dedos y miradas y gestos elocuentes -a medio camino entre von karajan y Aito García Reneses- desde su atril privilegiado. Puente de mando de su nave imponente que temporal no lograra jamás variar su rumbo.

Mirado allí ergirse prepotente en la desnudez de la plaza a que este bar a dado nombre. exhibir su robusta osamenta. Soberana y ostentosa muestra de fuerza. Impontente y avasallador. ¿Quien osara hacerle frente?

Pues si, si. A esta sólida y solemne estructura esto le llaman hoy en día tendal o tinglado.

Lo que no es ni más ni menos que obra fija dispuesta en plena plaza pública. Arrebatada a sus usuarios a los que los dueños solo respetan si se sientan bajo su techo en pos del calamar patagónico la caldereta de fletan y la panga al pil pil.
Los demás, plin.

Yo denuncio esta construcción que usurpa dominio público.

Yo impreco a su inmediata retirada.

Y si no lo hacen ellos, lo haremos nosotros. (yo solo no puedo)

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